Conclusiones

La consideración del Internet Project como una obra narrativa puede resultar polémica. En este sentido, el artículo citado de Juan B. Gutiérrez apunta en una dirección muy interesante y extraordinariamente concisa para lo que estamos acostumbrados en estos temas: la diferencia fisiológica en la recepción de narrativa frente a otro tipo de recepción. Esto permite a Juan trazar una buena línea divisoria entre un objeto digital que constituya una obra de narrativa y otro que no, basándose en la utilización que su recepción exija del lóbulo frontal, aquel más especializado en las funciones cognitivas. Para este artículo no se ha realizado ningún trabajo de campo que permita medir la utilización del lóbulo frontal en la recepción de The Internet Project, pero estamos seguros de que la indagación en busca del significado de toda la Web tiene mucho más que ver con la lectura de un una narración, que con la recepción pasiva de un concurso de televisión o la habilidad mecánica que se requiere para pasar de pantalla en un videojuego.
Funciones cognitivas del cerebro, esto es seguro, pero ¿también estéticas? Ya dijimos más arriba que la obra de Muntadas era más ética que estética, y lo es tanto en su concepción creativa como en su recepción. The Internet Project no es una “delicia para los sentidos”, ni siquiera es de una “fealdad escandalizadora”. Lo que fascina de esta obra, igual que de otras de Muntadas, es la sensación de descubrimiento, de aprendizaje, que el receptor va adquiriendo conforme se sumerge en ella. Engancha el vínculo a la realidad, la verdad que destila su firme posicionamiento frente la realidad, la cual viene precisamente descrita e incluso puesta en marcha de manera ejemplar: los mismos placeres, las mismas motivaciones que pueden llevar a un físico a adentrarse en el mundo atómico, a un médico en el funcionamiento anatómico, a un filólogo en las distintas versiones de un libro, muy parecidas a las que pueda sentir un sociólogo al indagar en el comportamiento humano. La necesidad de seguir adelante hasta comprender la voluntad significativa de la obra de Muntadas no es de la misma naturaleza que la que nos impele a pasar la página en una novela de Stevenson. Esta última es la necesidad de satisfacer una curiosidad suscitada por el libro y que la convención dicta que el libro satisfará. La novela de ficción es un contenedor autosuficiente. Es un mundo. Sí, lleno de referencias, pero dispuestas de manera causal, con el propósito de convencer o de generar sensaciones; en cambio, la obra de Muntadas no se basta a sí misma, sino que exige de la consulta de otros documentos, de interés por el contexto en que se efectúa, del entorno local, de determinadas situaciones históricas. Exige una atención “investigadora”, crítica y por supuesto, en ocasiones, exige aportación En otras palabras, despierta una cognición del orden de lo científico.
Y es que el medio Internet, con su digitalización del signo lingüístico, muestra sus máximas prestaciones en la labor científica. Mientras un largo y denso debate se cierne sobre la labor del editor literario, sobre el destino del autor y de su novela impresa, sobre el futuro del librero… ya prácticamente han sido digitalizados la totalidad de los archivos de los juzgados españoles y nadie ha protestado, nadie ha levantado la voz. La mayoría de las revistas científicas prestigiosas han pasado del papel al formato digital y casi no nos hemos dado cuenta. Porque el tipo de actividad que requiere la investigación científica es mucho más cómoda en formato hipertextual. Porque, del mismo modo que en una narración literaria, la exigencia de un lector que genere su propio argumento a través de los enlaces puede resultar un inconveniente, en la labor científica se convierte en una ventaja sensacional. La obra de Muntadas, tan en consonancia con la filosofía de Internet, se presta a una recepción del tipo científico. Pero no se trata de que lo exija el medio digital que ha sido elegido para representarla, la obra de Muntadas ya exigía esta recepción antes de la aparición del medio digital. Más bien, es el medio digital, en una demostración más de clarividencia, el que se adapta a la concepción original de arte del autor catalán. Una concepción del arte como intervención en la realidad que muy probablemente iluminará las discusiones literarias de las próximas décadas.

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